La existencia real de Dragones
Heródoto –llamado a menudo el padre
de la historia– visitó Judea en el año 450 A.C.
y escuchó hablar de la existencia de dragones enjaulados
en Arabia, cerca de Petra, Jordania. Esto le despertó curiosidad,
y decidió viajar allí. Según los testimonios
escritos por este historiador, allí encontró dos especimenes
de dragones con alas que habían sido encerrados en una jaula
del hierro, a los que caracterizó como verdaderas “bestias
feroces”. El Diario de Marco Polo explica que cuando éste
se encontraba caminando por Anatolia, en Persia, encontró
dragones vivos que volaban y que atacaron su caravana en medio del
desierto. En estas crónicas, Marco Polo explicó que
eran bestias espantosas que estuvieron a punto de matarlo.
Otra hipótesis: los cultores del Catastrofismo
han sugerido que los cometas y lluvias de meteoros fueron los fenómenos
astronómicos que dieron origen a las leyendas acerca de serpientes
de fuego capaces de atravesar el firmamento a gran velocidad, y
de ahí se forjó la creencia en los dragones.
Una afirmación menos creíble indica
que el dragón fue una criatura compuesta. En muchas culturas
está arraigada la idea de que los dragones poseen características
de tres tipos de depredadores: poseen patas, garras, capacidad de
arrastrarse y una astucia felina, por eso se parecen a los leopardos.
Por su capacidad de volar y por tener su guarida en lugares alejados,
generalmente rocosos, se los comparó con águilas.
Pero los dragones guardan mayores similitudes con las serpientes;
de hecho, nuestra palabra moderna “dragón” proviene
indirectamente del griego, a través del latín, en
que drako significa “serpiente”.

En los mitos helénicos aparecen muchas leyendas
que mencionan estos animales fabulosos; generalmente, las serpientes
o dragones custodian tesoros. Por ejemplo, el dragón Ladon,
que cuidaba las manzanas de oro de las Hesperides, hijas de Atlas,
quien sostenía el cielo sobre sus hombros. Otro dragón
con características de serpiente custodiaba el paño
de oro de Aetes, rey de Colchis, para protegerlo del robo de Jasón
y de los argonautas.
Como vemos, en China el Dragón se asocia al color Blanco
o a colores claros y cálidos, como el Amarillo, que simbolizan
la pureza y la luz, además de la muerte. Cabe señalar
que la significación oriental de la muerte es positiva, diametralmente
alejada de la connotación trágica que adquiere en
Occidente como herencia de la civilización helénica.
La identificación del dragón con estos colores se
basa en la creencia de que era un animal bondadoso y formaba parte
del grupo de los cuatro animales mágicos junto con el Fénix,
la Tortuga y el Unicornio.
Las historias mitológicas consideraron a
este fabuloso animal como el padre de los antiguos emperadores.
Cabe destacar que en el I Ching: Canon de las Mutaciones
el Dragón funciona como alegoría de la sabiduría.
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